miércoles, 30 de octubre de 2013

“Tiroteo en la barriada de Fátima. Cinco heridos, y un posible muerto.”

Y así es como empezó a moverse el bulo este pasado lunes. Un simple tweet anónimo, y el rumor se extendió en escasos minutos, y de una forma increíble.










Lo que realmente ocurrió en Córdoba, y que se publicó posteriormente, no ha sido ningún tiroteo. Una mujer trató de apuñalar con un bolígrafo su marido; la víctima sufrió heridas muy leves, provocadas también por un cuchillo. La policía intervino rápidamente, y el suceso no pasó a mayores.


Entonces, ¿cómo pudo esto pasar de un percance “leve” a un tiroteo? ¿Cómo corrió el rumor tan rápido?
El origen del rumor fue un tweet, que no era más que una broma, una exageración de alguien a quien le hizo gracia publicar esto. De ninguna manera iba a imaginar que esto llegaría a tal punto que, al día siguiente, incluso el pintor que estaba trabajando en mi piso, llegaría contándole a mi madre que si se había enterado del tiroteo.
Hemos tenido la posibilidad de hacerle algunas preguntas al autor del “famoso” tweet.

-¿Tú te esperabas que pasara todo lo que ha pasado?
-Ni por asomo (risas).

-¿Te ha dicho alguien directamente: oye, te lo inventaste tú?
-Algunas personas sí, pero como hay instantáneas de mi tweet la verdad es que no me suelen preguntar.

-¿Tú ves comprensible que te traten como responsable del rumor?
-En parte sí, pero pienso que cuando se lió fue cuando la cuenta de tráfico lo tomó como verídico, por eso lo borré y avisé a tráfico de que era una exageración. Pero ya era tarde.


Sin duda, esto es un gran ejemplo de lo mucho que las tecnologías superan nuestras capacidades críticas. Pocos fueron los que se plantearon la verdad de ese tweet, y muchos los que lo creyeron a pies juntillas. No provenía de ninguna fuente oficial, no adjuntaba datos reales y, aún así, el bulo corrió; tanto es así que, dos días después, hay personas que siguen preguntándose qué fue lo que provocó el tiroteo… Y todo por un mensaje de escasos 140 caracteres, y una foto borrosa.

Y este es el gran problema de las redes sociales. Le damos veracidad a comentarios que no sabemos exactamente cuándo ni en qué contexto se hicieron, y no buscamos contrastar de forma eficaz. 
La información, actualmente, ya no es una exclusividad de los profesionales, sino que está a disposición de todos, con todo lo que ello conlleva. Twitter nos permite ver qué está sucediendo en cualquier lugar del mundo, pero a través de los comentarios personales de las distintas cuentas, y esto es algo a tener  muy en cuenta. 
Los tweets no se publican, sin más; no son entes abstractos, verdades absolutas. Esto es algo que la mayoría solemos tener en cuenta, pero que a veces se nos puede olvidar. No todo lo que esté publicado es real, y es aquí donde entra en juego nuestra capacidad de saber discernir entre la realidad y los rumores.


¿Es realmente el que publica un tweet responsable de todo lo que sus palabras puedan conllevar?


 Quizá la responsabilidad es de cada persona que lo leyó y, simplemente por el morbo que esta “noticia” pudiera despertar, decidió creérselo y continuar extendiendo el rumor. 

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