Hoy, por variar un poco la temática del blog, quería hablaros de uno de mis pintores favoritos, Gustav Klimt. Como, realmente, no sabría explicaros por qué me gusta tanto (en eso consiste el arte, en no tener un porqué), voy a contaros un poco sobre su vida y os enseñare algunas de sus obras, las que más me gustan. Aunque todos supondréis cuál es mi favorita...
Klimt fue un pintor simbolista austriaco, asociado con la secesión vienesa, de la que fue primer presidente.
Lo que podemos apreciar en sus obras es la gran ornamentación de la que están dotadas, los tonos dorados y una suntuosa decoración. Y, quizá, esto es lo que más me llama la atención; hay mil detalles en cada pequeña porción del cuadro. Tú puedes mirar una de sus obras mil veces, pero siempre acabarás encontrando un... algo, del que antes no te habías percatado. Te sorprende y cautiva, como si la obra se tratase de algo vivo, como si cambiase a cada segundo solo para romper la monotonía.
Y ¿acaso no es esta la esencia misma del arte? Escapar de la monotonía, romper con la realidad. Al menos, esto es lo que espero que el arte me regale, y Klimt lo consigue.
Hay también un fuerte reflejo de una intensa energía sexual; no en vano su mayor inspiración era el desnudo de la mujer. Dicen los que entienden de arte que en sus cuadros se pueden apreciar también elementos abstractos de un carácter sexual inconfundible, y no les quito la razón.
![]() |
| El beso - Gustav Klimt |
El hombre está besando a la joven. Y esta frase, pese a la simpleza que aparente, esconde mucho más de lo que se pueda explicar.
La besa como si todo fuese a acabar en ese momento, como si no hubiese nada mejor que pudiese hacer, como si besarla fuera su fin. Y es que en eso consiste realmente un beso.
He leído lo que los especialistas dicen de esta obra, y es aun más hermoso que lo que yo había entendido. Klimt quería reflejar la belleza del amor joven, de ese que es tan pasional que no deja un resquicio a la duda. Ese amor que todos hemos tenido alguna vez, el que te hace escalar montañas, nadar océanos, atravesar desiertos... Solo por un beso así.
Si os fijáis, los pies de la joven están situados como en un acantilado. Porque esta clase de amor siempre se ha tachado de temporal.
Pero, pese a verse al borde del precipicio, ellos se besan, como si esto pudiera salvarles de caer. Quién sabe... quizá puede hacerlo.
Precioso, ¿verdad?

No hay comentarios:
Publicar un comentario